A Feijoada

Fernanda celebraba una fiesta en la galerìa,donde tantas veces mi novio habìa tocado a Chopin, mientras Geraldine Osorio se emborrachaba con media docena de caipirinhas,y terminaba tumbada en la cama de Frida ,en la trastienda de la galerìa.
Llegamos sobre las ocho,muy puntuales, y él me habìa jurado y perjurado que estarìa una buena representaciòn negra del Rìo màs golfo,y asì convencido me arreglé y fuimos a la que serìa mi primera feijoada.Cuando llegamos sòlo habìa mujeres,que conversaban entre ellas envueltas en esa cantinela tan delicada y dulzona ,que es el acento brasileño.A nuestro encuentro vino una señora alta y espigada con un traje de noche y el pelo recogido en un moño alargado y puntiagudo que sobresalìa por la zona temporoparietal derecha de su craneo,que obligaba a mi vista a poner atenciòn en aquel insòlito falo de peluquerìa à l' avant-garde.Se presentò como Dona Preta y nos regalò una de las màs hermosas y voluptuosas sonrisas que jamàs haya visto ,que me provocò un pellizco libidonoso en mi barriga,parte de mi cuerpo que jamàs me engañaba antes estìmulos sexuales masculinos,y que por ello me habìan dejado algo desconcertado.
La galerìa era un espacio diàfano con cuadros colgados en las cuatro paredes blancas y un piano,a la izquierda,junto a la puerta.Diferentes estilos,pero muy poco talento.Jeff me llamò la atenciòn sobre uno donde venìa representado la cara de un negro y junto a éste, una vagina o algo parecido.Entonces me acordé que Jeff me habìa contado que Fernanda Bastos,la chica que daba clases de piano a los niños de emigrantes brasileños en la galerìa, acostumbraba a meterse una fresa en la vagina mientras esperaba a su compañero de turno.Y que luego se lo ofrecìa a su prìncipe ,antes de ofrecerse carnalmente a él y después de bajarse de su doncel.Y a mì se me habìa quedada grabada la historia,y no porque se metiera la fresa en semejante sitio,en definitiva no sé qué se siente,pero el hecho que se lo diera a probar ,era algo que si me concentraba en ello,podìa llevarme toda una mañana vomitando,y por lo tanto, evitaba pensar en ello,pero aquel cuadro me lo habìa evocado. Nos sentamos ,mientras sonaba en el hilo musical Toquinho.Mi Jeff decìa que se iba a quedar dormido si no cambiaban la mùsica.Yo,en cambio, me encontraba bien metido en la nueva realidad brasileña, con aquellas mujeres hablando en aquel modo,Dona Preta que alternaba con unas y con otras ,saltando de grupo en grupo,tropezando su peinado-polla entre los pelucones de las asistentas que hablaban de sus cosas.Y el timbre sonaba cada diez minutos para recibir màs mujeres,todas arregladìsimas como si fueran a la recepciòn del embajador del Brasil.Emperifolladas ,portando peinados imposibles y excesivos.Los ùnicos varones éramos nosotros .Apareciò ,por fin,Fernanda ,que venìa de la trastienda ,ràpidamente vio a Jeff y se dirigiò a nosotros.Yo me la imaginé con un fresòn de Huelva entre sus piernas.Me saludò y me sonriò con esa sonrisa maravillosa que tienen las mujeres del Brasil ,tierra de pasiones desatadas y amor natural.Donde la religiòn no tiene ningùn peso ni influencia sobre los cuerpos y sus juegos.Por ello,creo que estas sonrisas femeninas me atrapan y me envuelven ,provocando en mi barriga esa descarga eléctrica tan caracterìstica.Fernanda me preguntò por España,que no conocìa aùn,y que en un futuro muy pròximo querìa visitar.
En el centro de la sala habìa una mesa dispuesta con platos y vasos de plàsticos.Dona Preta saliò de la trastienda con platitos de aceitunas ,patatas fritas y pepinillos en vinagre y detràs de ella saliò la grandìsima Geraldine Osorio,pianista acabada de 103 años con una bandeja de caipirinhas,y caminaba tan recta y estirada que parecìa Grace Kelly en El Cisne.La Señora Osorio habìa vivido su época dorada en los años treinta y cuarenta,que daba conciertos por todo el mundo,hasta que estallò la Segunda Guerra Mundial,luego se quedò viuda del insigne embajador Don Archivaldo Osorio y se dedicò a alternar con la gente de la noche,mùsicos,còmicos y bohemiens y llegò a ganar millones ,pero su arte se viò mortalmente tocado,hasta convertirse en un recuerdo de lo que habìa sido.Su pùblico exigente le habìa perdido el respeto y ella le devolviò el desprecio hacièndose experta catadora de caipirinhas y caipiroskas.A pesar de su edad tenìa un cuerpo de bailarina cubana con la propia jorobita de los pianistas profesionales.Su piel lùcida ,libre de cualquier operaciòn,porque ella pertenecìa a la misma religiòn que su amiga Ginger Rogers,Marilyn Monroe,o la divertidìsima Carol Channings ,que prohibìa cualquier intervenciòn quirùrgica que impediese el normal trascurso de la naturaleza.Por ello,jamàs se habìa operado desde que entrò en la Iglesia de Cristo.
Jeff habìa tocado el piano alguna vez con ella y me decìa asombrado que sòlo despuès de media docena de caipirinhas ella era una verdadera maestra.Doña Geraldine se acercò a mì y me ofreciò una caipirinha acompañada de esa enigmàtica y erotizante sonrisa de las mujeres de Brasil,terminò de ofrecer de su bandeja y apoyàndola sobre la mesa ,ella se tomò la ultima copa de pie,majestuosa y alargada como Gloria Swanson bajando por aquella tràgica escalera ,sobreactuada y rozando el patetismo ,pero sin soltar la copa hasta que no estuviera vacìa.Luego llegaron las bandejas de feijoada y sonò de nuevo ese timbre que sòlo sabìa vomitar mujeres para dentro.
Jeff se puso a la cola que las mujeres dicharacheras habìan hecho , esperando el turno para servirse la feijoada ,que viene acompañada en el plato de farofa, que es harina de mandioca, plàtano,tomate crudo,rodajas de naranja,tocinhos,que viene a ser como nuestra corteza de cerdo,o sea piel del cerdo frita y arroz blanco .Por fin vi entrar un macho en aquella dichosa galerìa,un jovenzuelo de raza negra,que hablaba con Fernanda en la misma puerta.El joven con cara de Sidney Poitier en Los Lirios del Valle me mirò a la misma vez que negaba con la cabeza a Fernanda Bastos y no se quedò a dar buena cuenta de la feijoada que acababan de poner sobre la mesa,y con las mismas despareciò ,no sin dejar antes un torbellino de olor a macho en toda la sala que no consiguiò contrarrestar ese olor tan femenino , al que mi olfato no se acaba de acostumbrar.Jeff no se habìa enterado de nada porque ya estaba con su plato servido y comiendo con cara de gusto,con la cara de la nostalgia y el reencuentro de los sabores en su paladar y en su memoria donde los recuerdos se almacenan en insignificantes y microscòpicas cadenas de proteinas.
Geraldine ,beoda como la Parker después de escribir el relato del abandono,que recordaba tanto a La Voix Humaine de Cocteau,pero eso era otra historia,se sentò delante del piano y empezò a tocar a Mozart,que se fundiò maravillosamente con las habichuelas negras y los trozos de chorizos y morcillas y los vahos continuos de caipirinhas que la maestra exhalaba como una Deborah Kerr arrastrada por aquella famosa ola.Y mi Jeff ,que estaba extasiado con el plato tìpico de su tierra ,volviò a la realidad al oir al mejor Mozart que jamàs habìan tocado,y pidiò perdòn a su Arrau del alma ,pero asì era.Y dejò su plato en la mesita que presidia el lamparòn que no sé muy bien si era un objeto artìstico en venta o era de verdad una làmpara que iluminaba el cutis precioso de Dona Preta,y se acercò hasta la Sra Osorio,y la mirò con admiraciòn,no con pena o misericordia,sentimientos bastardos que nos inculcò la Santa Madre Iglesia,sino con rabiosa admiraciòn del pupilo manco de dos manos ,ante la realidad virtuosa de una gran dama de la mùsica.Y yo me quedé francamente emocionado al ver los ojos vidriosos de Jeff ,emocionado hasta las trancas por tan semejante sensibilidad,pero eso no quitaba que no dejara de pensar en aquel negro impresionante que la bendita 'Africa habìa ofrecido al mundo,a su tierra y a esta galerìa,incluyéndome humildemente entre aquéllos que nacimos para admirar la belleza en estado puro,y que las circunstancias me negaba ésta en particular,esperando tener mejor suerte màs adelante.
Sin ànimo de molestar a mi Jeff ante semejante master class, me dirigì a la puerta ,que comunicaba la galerìa con la trastienda,y justo cuando estaba por abrir aquella puerta ,sonò el timbre de nuevo,podìa ser aquel negròn,y me girè.Era un joven que entrò deprisa con bolsas de hielo.Luego me enteré que era el hijo de Dona Preta,alto y fornido con cara de sangres mezcladas que le daba un aire de primitivo que tanto me gustaba.Una jovencita de pelo pringoso con la raya en medio me indicò muy amable el baño y al salir me vi sorprendido por una comitiva casi funeraria que llevaba a hombros el cuerpo ligerìsimo de la mayor pianista que ha dado el Brasil ,inerte y ventoseante ,siendo colocada delicadamente sobre la cama de Frida.Llamada asì por Dona Preta,la cual aseguraba que la habìa comprado en un mercadillo de Coyoacàn y que habìa pertenecido a la famosa pintora donde habìa muerto en 1954.Al volver a la sala blanca mi Jeff tocaba temas a peticiòn del pùblico,y fue algo raro,porque él es un purista intransigente de la mùsica clàsica,y cuando me acerqué a él,lo miré y le dije que tocara as time goes by You must remember this/ a kiss is just a kiss,a sigh is just a sigh./The fundamental things apply/as time goes by ,y de repente llegò Dona Preta y muy enfadada dijo que en su casa nadie podìa tocar esa canciòn,que le traìa desafortunados recuerdos de una historia de amor vivida en Parìs con el dueño de un Caffé,que al final la habìa abandonado por un capitàn de policìa francés.Se hizo un silencio molesto que fue roto por las dulces y empalagosas melodìas de My heart will go on y no entendìa como se habìa atrevido a tocar semejante tema sin tener escrùpulos y volvì a la trastienda,donde yacìa tranquila Geraldine Osorio entre velitas temblorosas de inciensos,poleos y frutas del bosque y entonces reparé que la chica del pelo pringoso succionaba con pasmosa habilidad el pene superdesarrollado del hijo de Dona Preta,y al darme cuenta que habìa sido visto ,me avergoncé y salì de nuevo a la sala.La gente seguìa comiendo feijoada como si acabaran de llegar.Yo me sentìa abochornado entre el calor ,las habichuelas y la caipirinha.Salì fuera para respirar aire fresco ,y una pareja fumaba y discutìa tranquilamente.Hablaban de Pelé.'El era italiano y ella brasileña.Al rato saliò Jeff, acompañado de Fernanda Bastos y Dona Preta,que nos agradecìa la visita,y que pensaban repetir muy pronto.Feijoada todos los ùltimos viernes de mes,y pensé còmo podrìa soportar ese trajìn doña Geraldine Osorio,cuando tendrìan que tenerla metida en àmbar para no deteriorarse,ya que ella seguìa siendo miembro activìsimo de la Iglesia de Cristo,y un triste resfriado podrìa llevàrsela.
Dejamos atràs la galerìa y le conté una fantasìa a Jeff,que el hijo de Dona Preta se la estaba chupando al negro que habìa hablado con Fernanda Bastos y que yo lo presenciaba todo como voyeur.'El me mirò y me dijo que era un porcone.Yo Estaba loco por llegar a casa y quitarme los zapatos.
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